Hablando de una obra de teatro con un compa de la facu
Yo – No puedo creer que al final se suicida. Es terrible la historia.
Nico – Jajaja, si ya se.
Yo – Perá, lo leíste ¿no?
Nico – No todo.
Yo – Uh, boludo, entonces te cagué el final
Nico – No, el final lo leí. Yo empiezo los libros por el final y después arranco desde el principio
Yo - …
Nico – No puedo esperar a ver como terminan
Yo – No te puedo creer. ¿Me estás diciendo enserio?
Nico – Si, siempre empiezo por el final
Yo - Sos una vergüenza para el autor
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jueves, 30 de octubre de 2008
miércoles, 15 de octubre de 2008
Cada día me vuelvo más loco por ella
Cada día me vuelvo más loco por ella, ya no sé qué hacer para conquistar su amor. La veo todas las mañanas, con sus ojos color caramelo, siento el olor de su pelo, su shampoo sabor manzana, sus dedos con olor a tiza, su guardapolvo tan blanco, tan lindo, como ella.
Mi corazón golpea cuando la veo sentada en su escritorio, con su taza que le dice al mundo la gran verdad que me enamora: “aquí toma la mejor maestra”.
No puedo creer que en una semana se va de mi vida para siempre. Tengo que hacer algo antes que terminen las clases.
Un golpe en la nuca me hizo ver la respuesta a mis problemas. Solo el repitiente y abusador Gordo Mati, me podía ayudar.
“¿El gordo Mati? ¿Cómo te va a ayudar el gordo Mati?” Me dijo Fabi, mi amigo desde preescolar. “Si el gordo ese es un tarado. Repitió como 20 veces”.
Aunque le expliqué a mi amigo que el gordo era el ideal, porque era más grande, un corto mano, corto fierro alejó a Fabi de mi vida, por un rato al menos.
El plan de Mati no era malo. Intercambiaríamos nuestras pruebas de fin de año. “Así repetís seguro y la volvés a ver el año que viene” aseguró mi aliado del momento.
La estrategia dio resultado. A la primera prueba, la señorita quiso verme después de clases. “¿Qué pasa Pablo?, me sorprenden tus notas. ¿Estás con algún problema en casa?”, me dijo con su voz dulce, suave, chillona como siempre. Que si no me pasa algo. La tengo frente a mí, con sus dientes marcados de labial, sus párpados color fresa, su aliento después del décimo quinto mate.
“Te amo!”. ¡Lo dije!. Jamás pensé que me iba a animar.
“Pero, Pablo, a mi me faltan dos años para jubilarme”, me reprochó. “A mi no me importa la edad, seño”. Me apresuré en decir.
Lo que escuché a continuación me dejó helado.
“Salgo a la una, esperame en la placita, al lado del tobogán”.
Realizado junto con Claudio Kerlof y Siro Aguirre
Mi corazón golpea cuando la veo sentada en su escritorio, con su taza que le dice al mundo la gran verdad que me enamora: “aquí toma la mejor maestra”.
No puedo creer que en una semana se va de mi vida para siempre. Tengo que hacer algo antes que terminen las clases.
Un golpe en la nuca me hizo ver la respuesta a mis problemas. Solo el repitiente y abusador Gordo Mati, me podía ayudar.
“¿El gordo Mati? ¿Cómo te va a ayudar el gordo Mati?” Me dijo Fabi, mi amigo desde preescolar. “Si el gordo ese es un tarado. Repitió como 20 veces”.
Aunque le expliqué a mi amigo que el gordo era el ideal, porque era más grande, un corto mano, corto fierro alejó a Fabi de mi vida, por un rato al menos.
El plan de Mati no era malo. Intercambiaríamos nuestras pruebas de fin de año. “Así repetís seguro y la volvés a ver el año que viene” aseguró mi aliado del momento.
La estrategia dio resultado. A la primera prueba, la señorita quiso verme después de clases. “¿Qué pasa Pablo?, me sorprenden tus notas. ¿Estás con algún problema en casa?”, me dijo con su voz dulce, suave, chillona como siempre. Que si no me pasa algo. La tengo frente a mí, con sus dientes marcados de labial, sus párpados color fresa, su aliento después del décimo quinto mate.
“Te amo!”. ¡Lo dije!. Jamás pensé que me iba a animar.
“Pero, Pablo, a mi me faltan dos años para jubilarme”, me reprochó. “A mi no me importa la edad, seño”. Me apresuré en decir.
Lo que escuché a continuación me dejó helado.
“Salgo a la una, esperame en la placita, al lado del tobogán”.
Realizado junto con Claudio Kerlof y Siro Aguirre
viernes, 5 de septiembre de 2008
Yo estoy al derecho
Un pequeño relato hecho para la facultad. Una boludez que me resultó simpática.
La vida de Ingrid nunca volvió a ser la misma desde que comenzó a practicar gimnasia artística. De hecho, su manera de pensar, de actuar y de ver las cosas, cambiaron para siempre.
Todo comenzó al mes y medio de clases, cuando le enseñaron a pararse de manos. Ella tenía gran facilidad para esta disciplina y desde la primera vez que lo hizo, sintió como que volvía a nacer, más allá de que no recordaba con exactitud el momento de su nacimiento. Pero aún así, sintió algo nuevo dentro de ella.
El pararse de manos empezó a ser algo cada vez más frecuente en sus días, ella encontraba gran placer en estar en esa posición. A tal punto que de tanto hacerla, aprendió a controlar su circulación, para que no le baje toda la sangre a la cabeza y así poder estar la mayor cantidad de tiempo parada de manos.
Y así, después de un corto tiempo, aprendió a caminar así, para luego hacer casi todas sus actividades diarias de esta manera. Salvo bañarse y comer. Pero esta última solo por que a su madre no le gustaba verla cortar su comida con los pies, no por que no pudiese hacerlo.
Asimismo, lo que en un principio parecía un capricho, se volvió una costumbre. Tanto sus profesores, como sus amigos y familiares, le recriminaban que eso no era normal. Que debía caminar con sus pies y no al revés. Pero ella hacía oídos sordos ante estos reclamos. Ella había encontrado su forma de ver al mundo, una forma propia, en la cual se sentía extremadamente cómoda. De hecho, empezó a simpatizar las ideas de Jauretche y Galeano y sus conceptos de ver los mapas al revés. De esta manera, la Argentina podría estar al norte y los países imperialistas al sur.
Su nueva mirada del mundo era perfecta, pero como toda persona que piensa distinto y es feliz así, fue criticada hasta el cansancio. A tal punto, que el desgaste mental que le probocaron la llevó a volver a caminar con los pies y comer con las manos. Ingrid nunca volvió a sentirse cómoda en ningún lugar.
La vida de Ingrid nunca volvió a ser la misma desde que comenzó a practicar gimnasia artística. De hecho, su manera de pensar, de actuar y de ver las cosas, cambiaron para siempre.
Todo comenzó al mes y medio de clases, cuando le enseñaron a pararse de manos. Ella tenía gran facilidad para esta disciplina y desde la primera vez que lo hizo, sintió como que volvía a nacer, más allá de que no recordaba con exactitud el momento de su nacimiento. Pero aún así, sintió algo nuevo dentro de ella.
El pararse de manos empezó a ser algo cada vez más frecuente en sus días, ella encontraba gran placer en estar en esa posición. A tal punto que de tanto hacerla, aprendió a controlar su circulación, para que no le baje toda la sangre a la cabeza y así poder estar la mayor cantidad de tiempo parada de manos.
Y así, después de un corto tiempo, aprendió a caminar así, para luego hacer casi todas sus actividades diarias de esta manera. Salvo bañarse y comer. Pero esta última solo por que a su madre no le gustaba verla cortar su comida con los pies, no por que no pudiese hacerlo.
Asimismo, lo que en un principio parecía un capricho, se volvió una costumbre. Tanto sus profesores, como sus amigos y familiares, le recriminaban que eso no era normal. Que debía caminar con sus pies y no al revés. Pero ella hacía oídos sordos ante estos reclamos. Ella había encontrado su forma de ver al mundo, una forma propia, en la cual se sentía extremadamente cómoda. De hecho, empezó a simpatizar las ideas de Jauretche y Galeano y sus conceptos de ver los mapas al revés. De esta manera, la Argentina podría estar al norte y los países imperialistas al sur.
Su nueva mirada del mundo era perfecta, pero como toda persona que piensa distinto y es feliz así, fue criticada hasta el cansancio. A tal punto, que el desgaste mental que le probocaron la llevó a volver a caminar con los pies y comer con las manos. Ingrid nunca volvió a sentirse cómoda en ningún lugar.
miércoles, 13 de agosto de 2008
Con amigas así
Esta es mi primer producción audiovisual de alta tecnología realizada para la nueva carrera que estoy siguiendo. Por ahora no voy primero, pero me tocó el número 13 en la camiseta, el cual es mi favorito. Además me compré nuevas zapatillas y ahora corro más rápido.
Fue realizado junto con la compañera Saturmar.
Espero que le disfruten al video.
Rueda cinta
PD: El audio es malo. No fue culpa mía. Soy sordo.
martes, 29 de julio de 2008
Historia verídica y real
Int/Noche/Subte
Tomás está contra la puerta del subte viajando hacia la facultad. Usa anteojos de marco cuadrado, tiene el pelo largo, rulos y una especie de cresta. Está un poco barbudo y se nota un dejo de cansancio en su cara. Está escuchando música con su reproductor de mp3. Frente a él hay una chica rubia, de mediana estatura, joven, quien también está escuchando música. Tomás observa que por el vagón, dos chicos pequeños, un niño y una niña, posiblemente hermanos, rubios, muy simpáticos y descalzos vienen pidiendo monedas. Se acercan hacia él
Tomás está contra la puerta del subte viajando hacia la facultad. Usa anteojos de marco cuadrado, tiene el pelo largo, rulos y una especie de cresta. Está un poco barbudo y se nota un dejo de cansancio en su cara. Está escuchando música con su reproductor de mp3. Frente a él hay una chica rubia, de mediana estatura, joven, quien también está escuchando música. Tomás observa que por el vagón, dos chicos pequeños, un niño y una niña, posiblemente hermanos, rubios, muy simpáticos y descalzos vienen pidiendo monedas. Se acercan hacia él
Niño
¿Tenés una moneda?
Tomás
No, no tengo.
Niña
Dale, ¿no me das una moneda?
Tomás
No, lo siento
La niña se queda un rato observando fijamente a Tomás, amaga a ir a pedirle una moneda a la chica rubia que está cerca de él pero se arrepiente y se queda donde está.
Niña
(seria)
¿Por qué no te peinaste?
Tomás
¿Por qué no te peinaste?
Tomás
(preocupado)
¿Cómo que no me peiné?
Niña
Estás despeinado
Tomás
Claro que no. ¡Estoy peinado!
Niña
No, no estás
Tomás
Es que yo uso el pelo así.
Niña
Te queda feo
Tomás
¡Cómo me vas a decir eso!
Niña
(a la chica rubia que se encuentra cerca)
¿O no que no está peinado?
Chica rubia
(ríe tímidamente)
Si, no se
Niña
Te tenés que peinar
Tomás
¿Cómo que no me peiné?
Niña
Estás despeinado
Tomás
Claro que no. ¡Estoy peinado!
Niña
No, no estás
Tomás
Es que yo uso el pelo así.
Niña
Te queda feo
Tomás
¡Cómo me vas a decir eso!
Niña
(a la chica rubia que se encuentra cerca)
¿O no que no está peinado?
Chica rubia
(ríe tímidamente)
Si, no se
Niña
Te tenés que peinar
Tomás
(con tono burlón)
¡Pero estoy peinado! A mi me gusta así
Niña
Bueno, chau.
Tomás
Chau
¡Pero estoy peinado! A mi me gusta así
Niña
Bueno, chau.
Tomás
Chau
Telón
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cosas que me pasan cuando viajo en subte,
Iser,
La vie,
Un mundo feliz
Chucruteado por
Tomás en Shorts
a las
3:13 p. m.
martes, 27 de mayo de 2008
Asteroide
Mercano --> dice:
Eh! El autor que elegí para analizar tiene un asteroide con su nombre en su honor!
Mercano --> dice:
Y el tuyo... eh! que hizo el tuyo?
Il figlio di Giuseppe dice:
Tiene la distinción de ser SIR
Il figlio di Giuseppe dice:
Sir Arthur C Doyle, Caballero Británico
Mercano --> dice:
Está bien, es buena, pero no tanto como un ASTEROIDE y lo sabés
Il figlio di Giuseppe dice:
pero un asteroide...te gustaría uno con tu nombre honestamente?
Mercano --> dice:
sin dudas!
Mercano --> dice:
sobre todo si hace algo genial como estrellarse contra la tierra o algo así
Il figlio di Giuseppe dice:
si me dijeras una calle, pero un asteroide!
Mercano --> dice:
vos sos muy poco nerd
Eh! El autor que elegí para analizar tiene un asteroide con su nombre en su honor!
Mercano --> dice:
Y el tuyo... eh! que hizo el tuyo?
Il figlio di Giuseppe dice:
Tiene la distinción de ser SIR
Il figlio di Giuseppe dice:
Sir Arthur C Doyle, Caballero Británico
Mercano --> dice:
Está bien, es buena, pero no tanto como un ASTEROIDE y lo sabés
Il figlio di Giuseppe dice:
pero un asteroide...te gustaría uno con tu nombre honestamente?
Mercano --> dice:
sin dudas!
Mercano --> dice:
sobre todo si hace algo genial como estrellarse contra la tierra o algo así
Il figlio di Giuseppe dice:
si me dijeras una calle, pero un asteroide!
Mercano --> dice:
vos sos muy poco nerd
viernes, 9 de mayo de 2008
martes, 6 de mayo de 2008
Suposicion
Ahora que volví a los estudios recordé una habilidad que daba por olvidada.
En esas clases en las que prácticamente me estoy durmiendo vivo y no escucho absolutamente nada de lo que dice el profesor, tengo como un sensor por el cual puedo notar cuando hace un chiste o comentario ingenioso y automáticamente largo una pequeña risa que lo acompaña.
Gracias a esto parecería que estoy prestando atención aunque no tenga absoluta idea de lo que se está hablando.
Soy genial.
En esas clases en las que prácticamente me estoy durmiendo vivo y no escucho absolutamente nada de lo que dice el profesor, tengo como un sensor por el cual puedo notar cuando hace un chiste o comentario ingenioso y automáticamente largo una pequeña risa que lo acompaña.
Gracias a esto parecería que estoy prestando atención aunque no tenga absoluta idea de lo que se está hablando.
Soy genial.
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