miércoles, 5 de marzo de 2008

El espejo detrás del espejo

Vivo en un 5º piso por ascensor. Tardo 25 segundos en cada viaje a razón de 5 segundos por nivel. Esto sin contar el abrir y cerrar de las puertas cada vez que subo y bajo. En total serán entre 30 y 33 segundos. Ya tengo mucha práctica en este asunto así que lo hago bastante rápido. Durante esos 25 segundos de vida que paso dentro del ascensor pasan muchas cosas. No voy a empezar con ese cálculo de cuanto tiempo pierde uno mientras hace alguna actividad de rutina, esas cosas me parecen una pelotudez. Otra que perder esos segundos en ascensor no me queda.
El ascensor es de estilo antiguo, abierto, que se ve para afuera y, obviamente, para adentro. Lo principal que pasa en mi viaje de 25 segundos es mi juego con los espejos. O su juego nosotros.
No es que sea narcisista, cada tanto me miro cuando paso frente a un espejo pero no es una actividad obligatoria. No creo que haya mucho que pueda cambiar en esos 3 segundos de reflejo. Ni que pueda alternar de nariz cuando paso enfrente de uno.
Pero la verdad es que me entretienen. Por lo general no soy de mirarme mucho la cara más que cuando me lavo los dientes. Pero mi cara de me lavo los dientes no es la misma del resto del día.
Frente al espejo del ascensor hago deformidades, pongo caras, canto lo que suena en el mp3, trato de desviar el ojo o levantar la ceja izquierda. La derecha me cuesta menos, es la otra el problema, pero con práctica empieza a salir.
Pero hay algo muy extraño detrás de todo esto. Son las verdaderas intenciones del espejo de mi ascensor. Llega un punto de tal abstracción que me olvido que es un ascensor abierto y los vecinos que están esperándolo pueden ver tranquilamente lo que esté haciendo. En más de una ocasión tuve que detener mi show frente al espejo para darme cuenta que había alguien observándome. Que, como dije antes, no es por más de 5 segundos, que es lo que dura el ascensor en cada piso, pero igual es vergonzoso. Sobre todo cuando interrumpen mi acto de air guitarr.
Los espejos de mi ascensor tienen, además, la particularidad de mostrarte distinto que cualquier otro espejo. Ni peor ni mejor, distinto. Tu pelo nunca está igual a como estaba antes de salir, a veces no ves comida que tenías entre los dientes y otras hasta ni siquiera refleja que te dejaste puesto el pijama cuando salís a alquilar una película.
Tengo la teoría casi comprobada que tanto como uno lo usa para entretenerse en lo que dura el viaje de 25 segundos, es el espejo quien hace lo mismo con uno. No tienen mucha actividad diaria ya que hay pocos departamentos, pero cada vez que alguien sube, debe aprovechar al máximo esos pocos segundos para reírse de sus pasajeros.
Tanto puede reflejar cosas distintas a las reales (aunque como saber cuales son las reales), generando cierta confianza para que el usuario se abstraiga por completo y quede en ridículo frente a los demás vecinos. O mismo haciéndote creer que estás en un mundo mágico donde todos esperan que llegues a ese solo de guitarra y termines tocándolo con los dientes.
En definitiva, el espejo de mi ascensor es un humorista al que le gustan las buenas bromas, un tanto pesadas, pero que no afectan profundamente a nadie. Humor sano e inteligente para simplificar. Por más pesado que sea a mi me gusta el espejo de mi ascensor.

3 comentarios:

El Pastor Jimenez dijo...

Alegróme ver que no se detiene ante las vicisitudes del sistema, camarada fanzineroso. Si le cierran un espacio, usted va y se abre otro aún mas pro y nerd.

Brindo por eso, Don Conde de Birrita!

Un saludo con salsamora y sambayón.

El Masorquinho.

malapraxis dijo...

acompañados y drogados o solos y sobrios
cabe.

Pattie dijo...

está muy muy bueno!....vamos! no seas modesto....sabes muy bien de qué hablo...y a vos que te parece?....sisip...